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Que un caballero de 81 años, acompañado de una banda de músicos con una media de edad bastante elevada, sin apenas escenografía, ni pantallas ultra modernas, ni efectos visuales; sin inears, ni teleprompter, ni claqueta (tres aparatos infernales que muchos profesionales de la música se empeñan en señalar como imprescindibles hoy en día), apenas unos instrumentos, unos amplificadores y cuatro focos que apenas se movieron en todo el concierto... imparta semejante lección de música, feeling, sonido, tranquilidad, fuerza y talento... nos debería hacer reflexionar a unos cuantos. A unos más que a otros, claro.
Gracias señor Clapton por seguir absolutamente conectado y comprometido con la verdad, con el blues, con el rock n’ roll y con la belleza.
Respecto al imbécil que tuvo la genial idea de lanzarle un vinilo a modo de frisbee a un caballero inglés de la tercera edad, que abandonaba pacíficamente el escenario, dispuesto a hacer un bis de tres canciones (alguien de la producción local me chivó el repetorio antes de empezar el concierto y os aseguro que así estaba planeado), privándonos a 15.000 personas de escuchar al maestro un ratito más, pero que se marchó a su casa, con toda la razón del mundo, enfadado e incrédulo ante la agresión y la falta de sentido común y de respeto... espero de corazón que lea esto, y los cientos de mensajes agradeciéndole el gesto que solo un idiota profundo es capaz de llevar a cabo, y reflexione un poco. No estoy insultando a nadie, lo estoy describiendo.
Y respecto a los mensajes que leo en redes del tipo: “pues vaya mierda”, “qué mal sonaba”, “será borde el tío, por un vinilo de nada, que culpa tendremos los demás”, “no se le oía la voz” y demás lindezas... solo una reflexión, que como la inmensa mayoría de las reflexiones, es tan inútil como prescindible. En cualquier caso, ahí va...

Cada día estoy más convencido, que desde que el mundo es mundo, las personas se dividen en dos tipos: por un lado, los maestros, los sabios, los genios, la gente tranquila, con talento, que llena el aire y el cosmos de cosas hermosas y le da cierto sentido a la vida (como, por ejemplo, el señor Clapton)... los que les escuchan humildes, respetuosos e impresionados, sin atreverse a juzgar, valorar o criticar (como no sea para bien) algo que tiene tanta fuerza, tanta magia y tanta luz... y por otro lado, los torpes que se apresuran a cacarear y hacer ruido en público, creyéndose más astutos que nadie, pensando que han descubierto el truco -porque a ellos nadie les engaña, menudos son ellos, ni siquiera un tipejo como Clapton, que como todo el mundo sabe, se va por el mundo a tocar blues del delta, con 81 años y siendo multimillonario, solo por la pasta-, y sin ser conscientes del tremendo ridículo que hacen desvelándose a sí mismos en público como personas invadidas por la soberbia y la estupidez.
Si se callasen un minuto, si tomasen conciencia de su tremenda torpeza, de su irremediable incapacidad para sentir en las tripas lo que los maestros les ofrecen, y ruborizados ante la grandeza y la pureza, cerrasen la boca durante una hora... dos... Este mundo resonaría hermoso y armónico con las palabras, los sonidos, las imágenes y las creaciones de los artistas.
Dos horas, dos horitas de nada de prudencia y silencio. Tampoco pedimos tanto.
Otra vez, gracias, señor Clapton y disculpe el incidente.
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2 días que se publico

630 ComentariosComentar en Facebook

Soy una persona que

Soy una persona que duda de todo. Mi memoria es frágil y mis convicciones inestables. Tanto, que no resisten más de tres minutos de debate con un contrincante que tenga un gramo más de carácter que yo y sostenga argumentos contrarios a los míos. Pero cuando se trata del escenario... mi cerebro y mi alma, se sincronizan a la perfección, y se convierten en un ordenador de última generación capaz de clasificar, catalogar, cuantizar y poner en valor y en su justo lugar, lo que acabo de ver. Con esa seguridad respecto a lo que veo ahí arriba (prácticamente la única de la que puedo hacer gala), me atrevo a decir, que lo que hace Juan Diego Botto en “Una noche sin luna”, es la expresión actoral más grande que yo haya visto jamás. Tanto que se me escapa. Y a mí se me escapan pocas cosas... quiero decir, no soy ni mucho menos capaz de hacer cualquier cosa, pero sí de entender el proceso, la mecánica, el ataque de inspiración, que puede llevar a un artista a ejecutar una obra mayúscula. Cuando se me escapa, cuando me veo arrastrado por la fuerza, el talento y la locura de un intérprete absolutamente conectado con algo que tampoco sé muy bien lo que es... y me veo a mí mismo preguntándome ¿qué ha pasado? ¿cómo lo ha hecho? ¿qué es exactamente lo que acabo de ver? Y no encuentro respuesta... entonces sé que estoy ante una genialidad. Y de esas se ven pocas. Muy, muy pocas.
Así que gracias, Juan.
Y gracias Sergio.
Por decir algo...
Gracias a ambos por una obra de arte perfecta, sublime, mayúscula, rotunda y transformadora. Increíble.
Les diría que vayan a verla, pero es imposible, no hay entradas. Y eso, no es solo una gran noticia para nuestro teatro en particular, si no para nuestro país en general.
Gracias de nuevo @juandiegobotto y @perismencheta
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¡¡ZARAGOZA!! Ya te

¡¡ZARAGOZA!! Ya tenemos confirmada nueva fecha. Esto no podía quedar así y esa noche tenía que ocurrir como fuese.
Tal y como os dijimos, aquellas personas que no puedan asistir a la nueva fecha, pueden pedir el importe íntegro de la entrada por el mismo canal que la compraron. Para los que quieran ir, la entrada que ya tienen será perfectamente válida.
¡Muchas gracias por la elegancia y la comprensión!
¡Nos vemos el 11!
@rockandblues_zgz
@sweetcarolinezgz
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Que un caballero de 81 años, acompañado de una banda de músicos con una media de edad bastante elevada, sin apenas escenografía, ni pantallas ultra modernas, ni efectos visuales; sin inears, ni teleprompter, ni claqueta (tres aparatos infernales que muchos profesionales de la música se empeñan en señalar como imprescindibles hoy en día), apenas unos instrumentos, unos amplificadores y cuatro focos que apenas se movieron en todo el concierto... imparta semejante lección de música, feeling, sonido, tranquilidad, fuerza y talento... nos debería hacer reflexionar a unos cuantos. A unos más que a otros, claro.
Gracias señor Clapton por seguir absolutamente conectado y comprometido con la verdad, con el blues, con el rock n’ roll y con la belleza.
Respecto al imbécil que tuvo la genial idea de lanzarle un vinilo a modo de frisbee a un caballero inglés de la tercera edad, que abandonaba pacíficamente el escenario, dispuesto a hacer un bis de tres canciones (alguien de la producción local me chivó el repetorio antes de empezar el concierto y os aseguro que así estaba planeado), privándonos a 15.000 personas de escuchar al maestro un ratito más, pero que se marchó a su casa, con toda la razón del mundo, enfadado e incrédulo ante la agresión y la falta de sentido común y de respeto... espero de corazón que lea esto, y los cientos de mensajes agradeciéndole el gesto que solo un idiota profundo es capaz de llevar a cabo, y reflexione un poco. No estoy insultando a nadie, lo estoy describiendo.
Y respecto a los mensajes que leo en redes del tipo: “pues vaya mierda”, “qué mal sonaba”, “será borde el tío, por un vinilo de nada, que culpa tendremos los demás”, “no se le oía la voz” y demás lindezas... solo una reflexión, que como la inmensa mayoría de las reflexiones, es tan inútil como prescindible. En cualquier caso, ahí va...

Cada día estoy más convencido, que desde que el mundo es mundo, las personas se dividen en dos tipos: por un lado, los maestros, los sabios, los genios, la gente tranquila, con talento, que llena el aire y el cosmos de cosas hermosas y le da cierto sentido a la vida (como, por ejemplo, el señor Clapton)... los que les escuchan humildes, respetuosos e impresionados, sin atreverse a juzgar, valorar o criticar (como no sea para bien) algo que tiene tanta fuerza, tanta magia y tanta luz... y por otro lado, los torpes que se apresuran a cacarear y hacer ruido en público, creyéndose más astutos que nadie, pensando que han descubierto el truco -porque a ellos nadie les engaña, menudos son ellos, ni siquiera un tipejo como Clapton, que como todo el mundo sabe, se va por el mundo a tocar blues del delta, con 81 años y siendo multimillonario, solo por la pasta-, y sin ser conscientes del tremendo ridículo que hacen desvelándose a sí mismos en público como personas invadidas por la soberbia y la estupidez.
Si se callasen un minuto, si tomasen conciencia de su tremenda torpeza, de su irremediable incapacidad para sentir en las tripas lo que los maestros les ofrecen, y ruborizados ante la grandeza y la pureza, cerrasen la boca durante una hora... dos... Este mundo resonaría hermoso y armónico con las palabras, los sonidos, las imágenes y las creaciones de los artistas.
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Otra vez, gracias, señor Clapton y disculpe el incidente.
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Soy una persona que

Soy una persona que duda de todo. Mi memoria es frágil y mis convicciones inestables. Tanto, que no resisten más de tres minutos de debate con un contrincante que tenga un gramo más de carácter que yo y sostenga argumentos contrarios a los míos. Pero cuando se trata del escenario... mi cerebro y mi alma, se sincronizan a la perfección, y se convierten en un ordenador de última generación capaz de clasificar, catalogar, cuantizar y poner en valor y en su justo lugar, lo que acabo de ver. Con esa seguridad respecto a lo que veo ahí arriba (prácticamente la única de la que puedo hacer gala), me atrevo a decir, que lo que hace Juan Diego Botto en “Una noche sin luna”, es la expresión actoral más grande que yo haya visto jamás. Tanto que se me escapa. Y a mí se me escapan pocas cosas... quiero decir, no soy ni mucho menos capaz de hacer cualquier cosa, pero sí de entender el proceso, la mecánica, el ataque de inspiración, que puede llevar a un artista a ejecutar una obra mayúscula. Cuando se me escapa, cuando me veo arrastrado por la fuerza, el talento y la locura de un intérprete absolutamente conectado con algo que tampoco sé muy bien lo que es... y me veo a mí mismo preguntándome ¿qué ha pasado? ¿cómo lo ha hecho? ¿qué es exactamente lo que acabo de ver? Y no encuentro respuesta... entonces sé que estoy ante una genialidad. Y de esas se ven pocas. Muy, muy pocas.
Así que gracias, Juan.
Y gracias Sergio.
Por decir algo...
Gracias a ambos por una obra de arte perfecta, sublime, mayúscula, rotunda y transformadora. Increíble.
Les diría que vayan a verla, pero es imposible, no hay entradas. Y eso, no es solo una gran noticia para nuestro teatro en particular, si no para nuestro país en general.
Gracias de nuevo @juandiegobotto y @perismencheta
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¡¡ZARAGOZA!! Ya tenemos confirmada nueva fecha. Esto no podía quedar así y esa noche tenía que ocurrir como fuese.
Tal y como os dijimos, aquellas personas que no puedan asistir a la nueva fecha, pueden pedir el importe íntegro de la entrada por el mismo canal que la compraron. Para los que quieran ir, la entrada que ya tienen será perfectamente válida.
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  • Aunque estemos muertos - Promo

    Fotografías de: Juan Pérez-Fajardo
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Que un caballero de 81 años, acompañado de una banda de músicos con una media de edad bastante elevada, sin apenas escenografía, ni pantallas ultra modernas, ni efectos visuales; sin inears, ni teleprompter, ni claqueta (tres aparatos infernales que muchos profesionales de la música se empeñan en señalar como imprescindibles hoy en día), apenas unos instrumentos, unos amplificadores y cuatro focos que apenas se movieron en todo el concierto... imparta semejante lección de música, feeling, sonido, tranquilidad, fuerza y talento... nos debería hacer reflexionar a unos cuantos. A unos más que a otros, claro.
Gracias señor Clapton por seguir absolutamente conectado y comprometido con la verdad, con el blues, con el rock n’ roll y con la belleza.
Respecto al imbécil que tuvo la genial idea de lanzarle un vinilo a modo de frisbee a un caballero inglés de la tercera edad, que abandonaba pacíficamente el escenario, dispuesto a hacer un bis de tres canciones (alguien de la producción local me chivó el repetorio antes de empezar el concierto y os aseguro que así estaba planeado), privándonos a 15.000 personas de escuchar al maestro un ratito más, pero que se marchó a su casa, con toda la razón del mundo, enfadado e incrédulo ante la agresión y la falta de sentido común y de respeto... espero de corazón que lea esto, y los cientos de mensajes agradeciéndole el gesto que solo un idiota profundo es capaz de llevar a cabo, y reflexione un poco. No estoy insultando a nadie, lo estoy describiendo.
Y respecto a los mensajes que leo en redes del tipo: “pues vaya mierda”, “qué mal sonaba”, “será borde el tío, por un vinilo de nada, que culpa tendremos los demás”, “no se le oía la voz” y demás lindezas... solo una reflexión, que como la inmensa mayoría de las reflexiones, es tan inútil como prescindible. En cualquier caso, ahí va...

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Si se callasen un minuto, si tomasen conciencia de su tremenda torpeza, de su irremediable incapacidad para sentir en las tripas lo que los maestros les ofrecen, y ruborizados ante la grandeza y la pureza, cerrasen la boca durante una hora... dos... Este mundo resonaría hermoso y armónico con las palabras, los sonidos, las imágenes y las creaciones de los artistas.
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Así que gracias, Juan.
Y gracias Sergio.
Por decir algo...
Gracias a ambos por una obra de arte perfecta, sublime, mayúscula, rotunda y transformadora. Increíble.
Les diría que vayan a verla, pero es imposible, no hay entradas. Y eso, no es solo una gran noticia para nuestro teatro en particular, si no para nuestro país en general.
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NUEVO ÁLBUM

Aunque estemos muertos

Coque Malla

Un álbum lleno de canciones emocionantes y de momentos plenos de buena música.